Cigarros
Hace unos momentos acabamos (*Victor* y yo) de llegar de una buena cena. Me comí un corte de aproximadamente 300 gramos, con brócoli y papa. No habíamos comido en todo el día… el caso es que tuvimos una charla a gusto, desde la existencia de Dios y el Diablo, hasta la situación actual en la que estabamos.
Prendí un cigarrillo mientras consumiamos los restos de café, y aster[] me decía que el no tenía necesidad de fumar ya que yo lo hacía por los dos… me dice — Que jodidez si fumara y no tuviera dinero para comprar el vicio.
Es duro, le contesté. Recordé y le comenté mis años estudiantiles cuando con mi muy entrañable amigo Chávez salíamos a juntar colillas (literalmente) en la escuela. Salíamos por la zona de cubículos de profesores, donde juntabamos las colillas ya que eran los únicos que podían darse el lujo de tirar un cigarro sin terminárselo. ¡Que desperdicio!
Cuando las colillas no alcanzaban para “las tres”, los destruíamos y construiamos nuevos con el papel de envoltura de otras cajetillas.
Ya no fumo como entonces, sin embargo es un vicio caro y muy feo difícil de dejar.
Las ventas han bajado, no así los precios. Se pueden dar el lujo de no anunciarse y seguir ganando a costilla de la salud de nosotros los fumadores.
Como dijo alguna vez la hermana de Tony Soprano: ¿Otra bachita?, cuando casi expulsa el pulmón un viejo gangster amigo de la familia.


